—¡Quiero verla, ahora mismo!
Agustín Miles no esperó más, se lanzó a la habitación y no lo pudieron detener.
El hombre entró; al verlo, Avana sintió miedo; luego sus ojos se volvieron feroces.
—¿De verdad perdiste a nuestro hijo?
Avana río y lo miró fijamente.
Había rabia en su mirada; no había perdido a su bebé, pero sentía por él tanta decepción y tristeza.
—Vete de aquí.
—Entiéndeme, no somos iguales, pero...
Él le dio un cheque.
Ella lo vio.
—¿Esto va a limpiar tu conciencia?
Avana lo rompió