El sol de la tarde se filtraba por los ventanales, bañando la habitación en un tono dorado y melancólico.
Marianne cruzó el umbral con el corazón todavía latiendo con fuerza, un eco de la confrontación que acababa de dejar atrás.
El olor a óleo y trementina la recibió de inmediato, un aroma que siempre asociaba con la paz que Avana intentaba reconstruir en su vida.
Allí estaba ella, frente al lienzo, con el pincel moviéndose con una delicadeza casi etérea.
Al escuchar los pasos, Avana giró levem