Camely conducía con la vista fija en el camino, pero la mente muy lejos de ahí. El interior del auto estaba envuelto en un silencio denso, casi opresivo, como si el aire pesara más de lo normal.
Solo se escuchaba el murmullo constante del motor y la respiración pausada de las niñas, que dormían en el asiento trasero, ajenas a la tormenta emocional que se desarrollaba frente a ellas.
Zacarías iba a su lado, rígido, inmóvil. No miraba a Camely, ni al paisaje que pasaba a toda velocidad por la vent