Camely se enteró pronto.
No fue una corazonada ni un presentimiento femenino. Fue información concreta, directa, entregada sin rodeos por uno de los hombres que había puesto a vigilar cada movimiento de Zacarías desde hacía semanas.
Un espía discreto, eficiente, entrenado para observar, sin involucrarse, para escuchar, sin juzgar y transmitir sin adornos.
Cuando el teléfono vibró en su mano y escuchó el nombre del hospital, algo se contrajo con violencia dentro de su pecho, como si un hilo invis