Zacarías se acercó a Roberto con pasos lentos pero firmes.
La sala entera parecía contener la respiración. No era solo un padre evaluando a un hombre; era un hombre que había visto demasiado dolor en el pasado y no estaba dispuesto a permitir que su hija volviera a equivocarse.
—Roberto Márquez —dijo con voz grave—, dime algo con absoluta honestidad. ¿Amas a mi hija lo suficiente como para casarte con ella?
Roberto no desvió la mirada. No titubeó. No buscó palabras elegantes ni respuestas calcul