—Nana… él no creyó en mí —dijo Camely con la voz quebrada—. En mi peor momento me dio la espalda. Me abandonó cuando más lo necesitaba y, por su ausencia, caí en las redes de esos monstruos.
Al pronunciar esas palabras, el pecho le ardió como si el pasado volviera a abrirse paso a la fuerza. No hablaba solo de traición; hablaba de soledad, de miedo, de noches interminables en las que sintió que el mundo entero se había confabulado para destruirla.
—Incluso si Zacarías es inocente —continuó, resp