Romina y Gael regresaron a la casa cuando el cielo comenzaba a oscurecer, como si la noche misma se preparara para ser testigo y cómplice de lo que estaba a punto de revelarse. Las primeras sombras se filtraban por los ventanales, alargando las figuras dentro del salón y dándoles un aspecto distorsionado, casi monstruoso.
El aire era espeso, cargado de una electricidad inquietante, como si las paredes hubieran absorbido demasiados secretos y estuvieran a punto de colapsar bajo su peso.
Edmund ya