Al día siguiente, Marianne despertó lentamente, como si regresara de un sueño demasiado real para ser solo una fantasía. La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas, dibujando sombras suaves sobre las paredes de la habitación.
Durante unos segundos no se movió. Solo respiró. Escuchó el sonido tranquilo del aire entrando y saliendo de su pecho… y entonces lo sintió.
Daniel dormía a su lado.
Su perfil estaba relajado, el ceño libre de preocupaciones, los labios apenas entreabiertos. No habí