En la iglesia.
Todo estaba listo; rosas rojas y blancas adornaban la iglesia.
Zacarías Andrade caminaba lentamente llevando a sus dos hijas del brazo.
A su izquierda, Marianne, radiante como una mañana de primavera; a su derecha, Rosanne, cuya belleza serena parecía iluminar el recinto.
Al final del pasillo, dos hombres esperaban con el corazón latiendo al ritmo de una marcha nupcial que parecía celestial.
Roberto y Daniel Lutton vestían trajes de etiqueta impecables, pero eran sus rostros tan f