Punto de vista de Elena
Al final, las lágrimas se detuvieron.
No porque el dolor hubiera desaparecido, sino porque a mi cuerpo simplemente se le acabó el agua. Me quedé sentada en el suelo de la cocina durante mucho tiempo, mirando fijamente las juntas entre las baldosas, sintiendo cómo el frío se me metía en las piernas.
El silencio en la cocina era más pesado que la sartén de hierro fundido que había blandido antes.
La montaña de pasta en la olla se había enfriado. El vapor había desaparecido