Punto de vista de Elena
El reloj digital de la pantalla de mi portátil marcaba las 14:15 de un sábado.
Estaba sentada en la enorme isla de cuarzo de mi cocina de Chelsea, rodeada por una fortaleza de hojas de cálculo impresas, previsiones trimestrales y informes legales con gran cantidad de tachaduras.
El aire acondicionado emitía un zumbido bajo y estéril mientras caminaba. Fuera, tras los ventanales que iban del suelo al techo, la ciudad se achicharraba bajo el implacable calor de finales de