Zaid esperó un buen rato a que Anya regresara a su oficina. Ella no se iría tan fácil de su vida. Arregló su traje lo mejor que pudo y entró a la oficina de la humana sin tocar, encontrándose con sus cremosos pies sobre el escritorio, su camisa a medio abotonar y su cabello recogido en una cola alta.
—¿Qué está haciendo aquí? ¿Por qué no tocó? —cuestionó ella, y bajó sus piernas del escrito con rapidez—. ¿Señor?
—¿Por qué has terminado el proyecto tan rápido? ¿Tantos deseos tienes de alejarte de