Zair miraba a todos en la sala de juntas con aburrimiento. Desde que Anya decidió dejarlo tirado en su miseria semanas atrás, él no tuvo más remedio que volver a fingir que todo en su vida estaba bien. Ella ni siquiera se atrevía a mirarlo directamente a los ojos, solo mantenía distancia entre ambos. Ya ni podía concentrarse a la hora de tener sexo con otras mujeres, por el simple hecho de que la primera cosa que llegaba a sus ojos era el rostro de esa humana descarada.
La había estado siguiend