Capítulo 35

El rostro de Zair era todo un poema. La escuchó hablar. Su voz era igual a la de sus recuerdos, solo que más madura y segura.

—¿Sorprendido? —Se zafó—. Tu madre fue con la misma bruja que te dio ese hechizo para también lograr que quedara muda. Cada vez que ella iba a verme me daba unas pastillas para que hablara y luego dejara de hacerlo.

—Perdóname, por favor.

—Deja de decir «por favor».

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