Mundo ficciónIniciar sesiónEl rostro de Zair era todo un poema. La escuchó hablar. Su voz era igual a la de sus recuerdos, solo que más madura y segura.
—¿Sorprendido? —Se zafó—. Tu madre fue con la misma bruja que te dio ese hechizo para también lograr que quedara muda. Cada vez que ella iba a verme me daba unas pastillas para que hablara y luego dejara de hacerlo.
—Perdóname, por favor.
—Deja de decir «por favor».







