Capítulo 30

La pobre se puso más roja de lo que alguna vez pensó. Parecía un alma que apenas conocía el mundo. Pasó sus dedos por la húmeda entrada de Anya, casi lista para recibirlo, pero primero debía prepararla bien para que no sintiera tanto dolor. Metió un dedo, y la tuvo que aprisionar contra la cama para que no huyera y hacer lo que mirara. Su erección no ayudaba debido a que de vez en cuando chocaba con la pierna de la humana.

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