Capítulo 37. Nunca ofrezcas lo que más te duele dar.
Marcos corrió hacia Anna cuando la vio trastabillar y ponerse la mano en el pecho, llegó a tiempo para sujetarla, la desesperación se apoderó de él.
―¡Anna! ―gritó levantándola en brazos.
―¡Oh! Por Dios ―exclamó Patricia preocupada, sabía del problema cardiaco de Anna y pensó que la habían matado con sus acciones.
―Patricia llama a emergencias ―le dijo Marcos antes de partir hacia el salón con su preciosa carga.
―Anna, no me dejes, por favor, perdóname, perdóname, perdóname ―le susurró al oído