80. Ecos del pasado.
Entre varios hombres tomaron a Máximo y lo levantaron del suelo. Pero, a pesar de lo que yo pudiera haber imaginado, su expresión no era de rabia ni de miedo. Tenía una extraña expresión de serenidad que me asustó.
Aún no había logrado recuperar la compostura; seguía temblando mis rodillas. El arma que Máximo había sostenido en la mano fue arrancada de su brazo por completo, mientras lo esposaban por la espalda.
— Saben que esto no se va a quedar así — nos dijo a Santiago y a mí.
— Pues lame