74. La huida.
Mi teléfono cayó de mis manos, golpeando el borde de la cama y rodando por el suelo. Prácticamente entré en pánico, porque sabía de lo que era capaz Máximo. Aunque no había estado completamente metida en sus negocios, podía percibirlo: la forma en la que hablaba, la forma en la que resolvía sus problemas. No por nada se había convertido en el líder de *La Cofradía*; era un hombre de armas tomar, y ahora que yo lo había traicionado, estaba completamente segura de que vendría dispuesto a matarme.