71. Abstinencia.
Mientras salíamos de la estación de policía hacia la camioneta, estuve con fuerza las llaves en las manos, las llaves de la casa que algún día había llamado hogar, que estaba en esa misma ciudad. De hecho, ni siquiera estaba lejos de ahí. Nunca me llegué a imaginar que, después de todo lo que había pasado, Arturo siguiera conservando esa casa. Imaginé que para él no debió haber sido para nada fácil; tenía recuerdos, al igual que yo, de las cosas que habían sucedido en ese lugar: del abandono de