61 El sacrificio.
El sacrificio
No hablamos mucho en el camino a la cafetería. Dejé mi bata de científica sobre el asiento trasero, junto con las pastillas.
Santiago observó cómo tenía constantemente los puños apretados, así que dejó su cálida mano sobre la mía.
— ¿Estás sintiendo ansiedad? — me preguntó.
No tuve más opción que darle la razón, porque eso era justamente lo que estaba sintiendo: una extraña sensación de ansiedad.
— Si quieres, entremos a una farmacia y compremos un par de dosis de Serexor, para