6. Promesa de venganza.
6 Promesa de venganza.
Cuando intenté salir corriendo, él me sujetó con fuerza por el brazo de nuevo, con un tono repentinamente suave, casi... ¿Suplicante?
— Espera… déjame explicarte… Isabel.
— ¡No me importa! — le grité — . ¡Ya no me importa! Santiago. Quédate con ella, hazla tu esposa, ¡pero a mí déjame ir!
Su expresión se volvió fría de repente, y su tono se volvió gélido.
— No. No te voy a dejar ir, porque tú eres mi esposa, ¡TÚ ERES MÍA!
— ¡Yo no soy propiedad de nadie!