28. Aliados encubiertos.
Sentí una extraña sensación de pánico que me invadió desde el centro del estómago y se extendió por todo mi cuerpo, pero de no haber sido porque mi mano derecha se veía aferrada al brazo de Máximo, muy seguramente hubiera caído al suelo. El hombre me miró de los pies a la cabeza, seguramente notando en mi mirada lo perturbada que estaba.
— No te preocupes — me dijo él con sinceridad — . Ambos estamos en la empresa por lo mismo, así que no debes sentirte ni avergonzada ni asustada. Veme como l