24. A solas.
Yo sabía que aquello era una muy mala idea, definitivamente, hoy absolutamente. Pero entonces no supe exactamente por qué me dejé dominar. Seguramente, lo que debía hacer era exigirle firmar los papeles y salir corriendo de ahí lo antes posible, antes de que algo saliera mal, antes de que Santiago, notando que en efecto mi cuerpo seguía percibiendo sus caricias — o, mejor dicho, anhelando las — , se aprovechara de aquello. No podía permitir que nada de eso sucediera.
Pero mis piernas camin