—Listo señor Langley, es usted un hombre libre. —Las palabras del abogado se repitieron en la cabeza de Christopher una y otra vez.
No sabía si reír, llorar o las dos cosas al mismo tiempo..
Después del funeral de su padre movió a sus abogados para que él divorcio saliera cuánto antes. Con Aniela tras las rejas y Mateo perdido, el abogado había apelado a su favor, y ahí estaba, detrás de su escritorio con un traje azul a la medida y por primera en varios días sonriendo como loco.
Christophe