31 días después.
El jardín de la mansión estaba cubierto por un sol tibio de mediodía. Las flores recién regadas desprendían un aroma suave que flotaba en el aire, y en medio de ese escenario, Alisson caminaba despacio, con las manos sobre su vientre. Sus dedos se posaban allí con una mezcla de ternura y dolor. Cada caricia era un ancla, un intento desesperado de sentirse completa, aunque por dentro se consumía por la ausencia.
Christopher llevaba un mes desaparecido. Treinta y un días exactos.