Christopher permaneció inmovil, con los ojos grises clavados en el suelo unos segundos. Había abierto la boca para hablar, pero la cerró sin lograr articular palabra. El peso de la propuesta lo había dejado inmóvil, como si llevara siglos procesándola en silencio.
Respiró hondo, intentando ordenar la tormenta en su cabeza. Alzó la mirada hacia Christian, que lo esperaba firme, sin parpadear, con la misma seriedad con la que acababa de entregarle aquel ofrecimiento.
—Christian, yo… —dijo al fin,