Julie despertó con un sobresalto y, durante unos segundos, no supo si aún estaba en el baño de la farmacia o en una pesadilla que no terminaba. Luego le llegó el hedor: humedad vieja, orines secos, tabaco rancio pegado a las paredes. Tosió. El eco de su propia tos rebotó en la habitación dandole náuseas.
Parpadeó hasta acostumbrarse a la penumbra. La luz entraba a jirones por una rejilla en lo alto, demasiado estrecha para significar una salida. El cuarto era angosto: paredes desconchadas, una