La camisa negra se adhiere a mi piel gracias al sudor que me comienza a recorrer el cuerpo. Me siento en la mesa de madera oscura y cruzo mis brazos intentando relajarme. Pero es evidente que mi presencia causa malestares en todos. Sobre todo en Michael Miller y su padre que me miran con ganas de querer asesinarme.
«No me inmuto»
Ellos saben que tienen a cuatro personas que me pertenecen y tendrán que acostumbrarse a verme seguido por lo menos hasta que los recupere.
—¿Quieres limonada? —me p