El estudio de la casa de modas era elegante y sofisticado y Jackson tenía que reconocerlo: Christopher Langley tenía un gusto exquisito aunque no lo dijera en voz alta. Las paredes estaban revestidas en seda y enmarcadas por enormes ventanales que dejaban entrar la luz natural iluminando cada rincón. Habían alfombras de color vino que cubrían el suelo, mientras que accesorios modernos y obras de artes adornaban cada espacio.
En el centro, un elegante sofá de terciopelo. En una esquina, un espej