Ryan Campbell estaba sentando en su silla giratoria de color marrón oscuro. Llevaba una camisa de tres cuartos que se ajustaba a sus hombros de color negra. Tenía algunos botones abiertos, dejando entre ver un pecho velludo y duro. Una media luna de oro que colgaba de una caden caía en su pecho y sus ojos de un miel suave brillaban con intensidad. Se echó el cabello hacia atrás, acicaló su ropa y volvió a rociar perfume por milésimas vez.
Toc toc
Dos golpes en la puerta lo hicieron temblar de