El bullicio se volvió un susurro eléctrico cuando Ryan se abrió paso entre los invitados. Iba impecablemente vestido, pero lo que realmente llamó la atención no fue su elegancia habitual, sino la mujer que lo acompañaba: Adrienne Marchand. Alta, delgada, de belleza glacial y porte arrogante, caminaba a su lado como si fuera la dueña del lugar.
Todos los ojos se giraron hacia ellos. Julie sintió que el suelo bajo sus pies se desmoronaba. Un nudo invisible le apretó la garganta. La copa de vino t