LUCIANA
—Pues no es lo que necesito.
—¿Y qué es lo que necesitas Luciana?... Dime, yo puedo dartelo.
—No, gracias.
Se que esto es la guerra y yo misma la estoy declarando, sin embargo, me doy tregua yo solita cuando tengo que huir del encierro de los brazos de Leónidas, salgo corriendo de la sala de reuniones y puedo escuchar su risa irónica, yo no entiendo qué le pasa a ese señor, si tanto me odia y me ha dicho que no se va acostar conmigo, para que diablos me hace esto.
—¡Estoy loca! no p