LUCIANA
—Sra, disculpe, el señor ya llegó y requiere su presencia, la están esperando.. ¡Señora Luciana! ¡Señora!
—¡Dios mío!— me encuentro sudada y agitada— ¿Dónde estoy?.
En el infierno me respondo sola y salgo corriendo a la ducha para ahogar mi locura, los ojos de la mujer de servicio es lo primero que encuentro cuando me sacude y me dice que la espante porque no contestaba, no deja de preguntar si estoy bien y solo puedo pedir que me de espacio, sin embargo, me envuelvo rápido en la toall