LUCIANA
—¿Qué hace está mujer aquí?.
—Ya me escucho señora, he venido a apoyar al hombre que amo.
Y aunque deba manejar el asco de sentir la mano de Mario en mi cintura, lo tolero porque se el esfuerzo sobrehumano que está haciendo mi marido por contenerse y yo también, pues no soporto que esa mujer esté a su lado, sintiéndose la dueña de él cuando su única mujer soy yo.
Mario es el único que sonríe y le sigo el juego, las caras largas que hay ante mi presencia no me sorprenden, pero si me