El amigo de Bryce conducía muy rápido, intentaban escapar, hasta que se encontraron con un retén de la policía. No importó cuántas veces, Bryce maldijo, su amigo detuvo el auto.
—¡Conduce!
—Ya, estamos acorralados, ¡Se acabó, Bryce!
Bryce gritó, pero los policías los bajaron del auto, esposaron sus manos y lo llevaron consigo.
***
Marbella y Lugh llegaron a casa, los niños corrieron hacia su padre. él los abrazó a su pecho, sintió como si hubiese estado un milenio lejos, no pudo evitar llor