Las manos de August temblaban, pero el rencor latiendo en su corazón lo tenían preso.
Sentía la adrenalina y el temor.
Estaba a punto de desconectar el respirador, la puerta se abrió y sus ojos se encontraron fijamente con los de su padre.
—¡¿Qué haces, August?!
August ya no podía quitar las manos de donde las tenían, tuvo pavor.
—Padre, yo…
—¡Suelta ese cable, ahora mismo! ¿Qué crees que haces?
Los ojos de Kate estaban abiertos, pero un instante después se cerraron de nuevo.
August se a