Celestia corrió hacia Clyde, lo abrazó, y acunó su rostro.
—¿Está bien?
—Lo estoy, ¿y tú, mi amor?
Celestia lanzó un suave quejido.
—Estoy bien, pero me ha dolido el vientre.
—Lo siento, mi amor, vamos a casa, tienes que descansar —dijo Clyde.
Sus padres se acercaron.
—¡Dios mío, hijo! ¿Estás bien? —exclamó Lugh
Clyde asintió.
—Padre, casi te mata esa loca.
Lugh negó. Acarició el rostro de su hijo y luego el de su hija.
—Vayan a descansar, me encargaré de refundir a Kate a donde perte