—¡Tú lo mataste, Marbella! ¡Eres cruel! ¡Eres mala! Mataste al hombre que más te amo en esta vida.
Marbella retrocedió, sintió un nudo en la garganta, negó.
—No, yo no lo maté, Bryce se mató a sí mismo por su locura, y yo jamás pedí su amor, fue èl quien se obsesionó, cuando yo no le di ninguna esperanza, tu padre era un enfermo mental.
La mujer se retorció de rabia en la cama, y el monitor de latido se aceleró.
—Yo hubiese matado porque mi padre me amara un poco, mira lo que has hecho, Marb