El Hotel Continental se alzaba en el centro de la ciudad como un monolito de cristal y acero, un lugar donde el lujo servía para ocultar los pecados más inconfesables de la élite. Lauren cruzó el vestíbulo con el corazón martilleando contra sus costillas, sintiendo el peso del colgante de Alexander en su cuello. Ignoraba que cada uno de sus pasos estaba siendo trazado por un punto rojo en la pantalla de un hombre que ya no creía en milagros.
Al llegar al noveno piso, el silencio del pasillo era