El muelle viejo olía a óxido, a salitre y a una traición que se cocía a fuego lento bajo la bruma de la madrugada. El sonido de las olas chocando contra los pilares de madera podrida era lo único que llenaba el silencio, mientras Lauren caminaba un paso por detrás de Alexander. Él avanzaba con la rigidez de un verdugo, sujetando un maletín de cuero negro con tal fuerza que sus nudillos parecían estar a punto de romper la piel.
Lauren sentía el peso del arma que él le había obligado a llevar, pe