Capítulo ochenta y dos. Despedida temporal
Nayla se apartó de los labios de Ahmed al sentir una sensación extraña recorrer su cuerpo y acunarse debajo de su ombligo. La sensación de cosquilleo fue abrumadora y sus mejillas se tiñeron de nuevo de rojo, dándole un aspecto demasiado inocente y Ahmed tuvo que dar un paso atrás.
Nayla despertaba todos los deseos que una mujer podía despertar en un hombre y él no era un santo. Crecer en el extranjero también le había liberado de ciertas cosas que en su país jamás habría hecho y no quería, no