Habría agradecido mínimo una palabra de apoyo.
No podía pensar con claridad, me levantaba cuando era necesario y me quedaba callada mirando un punto fijo. «No mires directo al juez, tienes que verte abnegada, pero no débil ni asustada, eres inocente, no hay que temer». Era fácil decirlo cuando ella era abogada y su libertad no estaba en juego.
Leyeron mis cargos, las aperturas, el fiscal no paraba de lanzarme todo su odio en palabras y solo me metí en mi interior. Estaba en mi lugar seguro, ima