—Ya te había dicho que no tengo problema si quieres ver.
—Sí, sí, pero ahorita lo primero: Hay un testigo de la fiscalía y nadie sabe quién es.
Esperaba al menos un poco de consideración por su parte, podría fingir preocupación tal vez. En su lugar, escuché cómo abría y cerraba cajones tranquilamente.
—Eso es problema de los abogados.
—Podría cambiar el resultado —decirlo en voz alta lo hacía real—. ¡Podría terminar en la cárcel!
—No puedo hacer nada, tengo cosas de las que ocuparme —gruñó—. Si