—¿No hay forma de cambiarlo?
Miranda negó.
—¿No es mejor? —cuestioné, intrigada—. Así se adelanta todo.
—Teníamos planeado para ti un circuito de participación en eventos de caridad —se sobó las sienes—. Necesitamos que te veas como una mujer abnegada, apegada a los valores familiares y humilde. No una niña caprichosa que fue malcriada toda su vida.
—Nadie empatiza con los ricos privilegiados.
No supe como responder. Tenían un punto, pero también había que confiar en la justicia, yo era inocent