—¿Qué necesitas, Eloísa?
—Casi morí asfixiada —informé indignada—. ¿No te importa que el asesino de mamá me atacó?
—Ignoraste las indicaciones del hotel, Eloísa —al fin levantó la mirada—. ¿Cómo se te ocurre ponerte así en riesgo?
Así que fue mi culpa según él. Salí porque creí que afuera estaría más segura que adentro, ¿fue una estupidez? Sí, pero no tenía que reprochármelo.
—En cuanto al otro asunto —se puso de pie—. Estoy poniendo todo de mí para encontrar a ese infeliz.
Para ser un hombre p