Los días avanzaron, una gran tormenta golpeó Chicago por tres días.
Debido a esto, permanecieron en casa.
Abby no quiso salir de sí habitación, ni porque supo que Denver estaba afuera de su puerta.
—Abby, abre, te lo suplico, ¿no ves que afuera hay un huracán? ¿Quieres que muera?
Ella estaba tras la puerta, estaba a punto de abrir, pero escuchó llegar a Johana.
—Mejor vete, la verás en la fiesta pasado mañana, ella no se siente bien. ¿¿Qué pasó?
Denver no se atrevió a decir nada.
—Está bien, Abb