Emerson llegó a casa, no dejaba de pensar en las palabras de ese viejo, bebía una botella de vino, estaba encerrado en esa habitación.
—No voy a dejar que me vuelvan a usar como su contenedor de basura —dijo, observó esas fotografías, las acarició, ahí estaba junto a Anya—; ¿Por qué te fuiste? Fue mi culpa, hice todo para perderte, perdóname, te necesito tanto.
Emerson recibió una llamada, era de su investigador privado.
—¿Hola?
—Señor Carrigan, hemos encontrado rastros de su esposa, ella se