Denver llevó a Anya hasta el hospital de esa localidad, la atendieron de inmediato.
La ginecóloga estaba con Anya.
—Debe calmarse, señora, el bebé está bien, pudo salvarse, pero su presión arterial y su estado de ánimo no ayuda, no puede tener emociones fuertes, ya que eso provoca daño al bebé, y debe estar en reposo absoluto para que el bebé pueda desarrollarse, de lo contrario, podría tener un aborto espontáneo.
Anya negó.
—¡Haré lo que sea para que mi bebé nazca! —exclamó con desesperació