Los hombres soltaron a Anya, ella mirò al hombre asustado, porque esos tipos peligrosos iban por èl.
Uno de ellos sacó una navaja, Anya tuvo terror, quiso correr, pero no pudo.
Observó cómo ese hombre, quien parecía un vagabundo, dio una fuerte patada a uno en el estómago, haciendo que cayera de rodillas al suelo.
El otro, que tenía la navaja, quiso atacarlo, pero, ese hombre fuerte, tomó su mano, la dobló tanto que lo hizo chillar, luego golpeó su abdomen, y le quitó la navaja.
Él alzó el c