—Si te negaste a ser la madre sustituta de mi hijo, ¿Quién lo hará entonces? —exclamó Ashton
Clarisse sonrió.
—Ya lo verás, espera, ya va a llegar.
Escucharon el timbre de la puerta, Clarisse se apuró a abrir la puerta, antes que la empleada, entonces la joven entró, mirò a la mujer, tenía ese gesto, como un animal asustadizo.
Los ojos de Ashton la miraron con una lascivia y gran sonrisa.
—Hola, ¿y esta belleza?
Clarisse sonrió.
—Ayer dijiste que, si pagaba la cuenta de hospital de tu mad